Da miedo


El erotismo da miedo porque se lleva las palma en el exceso, se abre en la superabundancia y en lo ilimitado. Eleva el instinto a categoría de un arte de amor, y por lo tanto de vivir. La frase es de Sophie Chaveau, una francesa vinculada al mundo de la cultura desde diferentes ámbitos como la escritura o la escena o el periodismo.

Siempre lo he dicho; nunca imaginé que el primer libro que escribiera fuera una novela erótica. Por varios motivos. Para empezar porque aunque el erotismo impregna la vida (no solo la mía) no es lo que más destaco. También porque quien me conoce, quizás no me ve como alguien que observa y versa sobre erotismo. No di pistas. Luego está vivir en una isla. En las sociedades pequeñas, estos detalles le impregnan a uno. No reniego de lo que he escrito, sea bueno o malo. Tampoco me he sentido señalado ni denostado por haber escrito erotismo. Sí que hubiera querido publicar primero mi novela histórica pero el orden de los factores no creo que altere el producto. A ver. Miedo, ninguno.

 

Desobedecer la ley

Desobedecer la ley

Artur Mas dice que desobedecerá la ley si le inhabilitan. Me vienen a la mente dos referencias desde los Estados Unidos. Por un lado el desencanto de los colonos en el siglo XVIII cuando renegaban de la infantería británica que oprimía a base de impuestos y leyes a las nuevas generaciones nacidas en la prometedora América. Y cómo ello derivó en la Declaración de la Independencia, donde esgrimían razones obvias por las que no querían seguir siendo sometidos. En segundo en tiempos de Abraham Lincon en el que, cuando se debate ferozmente la abolición de la esclavitud, se resuelve que todo el mundo debe ser igual frente a la ley. A mi me gustaría que Artur Mas y todos los catalanes fueran iguales frente a la ley. Pero también puedo entender que no quieran esta ley. Esta sociedad esta harta de ir dando bandazos a golpe de elecciones. Pongamos a quien pongamos nos vemos zozobrando de un lado a otro porque cuando la ley marca una cosa favorece a unos, cuando entran los otros se cambia la ley y se vuelven las tornas. Así vamos. Sin rumbo fijo. Los empresarios tienen que aprender a navegar según venga la ola. Y no todos tienen esa pericia. Los ciudadanos tienden a creer que “hecha la ley, hecha la trampa” y España se ha convertido en un país de tramposos para sobrevivir, para sobrevenirse a tanto bandazo. Entiendo a los catalanes que quieren bajarse del barco. Lo que no entiendo es porque no se genera un marco de acuerdo para dejarnos de puñetas y saber transigir todos a favor de un futuro en común sin rupturas ni dudas de si mañana nos lo tumbará el siguiente gobernante que venga. ¿Es eso posible?

La seducción de las palabras

La seducción de las palabras

La comunicación es inherente a la especie humana. El lenguaje lo hacemos día a día al comunicarnos. Y el juego de las palabras, combinadas astutamente, resulta un gozo. De la misma manera que hay momentos en los que estamos más predispuestos a relacionarnos con otra persona o a engancharnos a la ficción de una nueva serie de la televisión, la literatura nos tienta. A través de alguien que conoce mejor este terreno, he vuelto a dejarme seducir por los estilos, las plumas, el acierto de quienes nos legaron su visión del mundo. Dejaros seducir. Es muy agradable.

Cada cosa en su sitio

Mis amigos del espacio expositivo artístico 333 del puerto de Mahón realizaron una presentación donde el erotismo era el hilo conductor. Era la ocasión de llevar mi libro Se Traspasa. La buena predisposición de Toni y Iolanda me permitió mostrar también la antología Voyeur. Ver los libros expuestos al lado de los cuadros, esculturas y joyería con temática erótica me pareció un acierto. El erotismo en ojos de otros artistas también me pareció revelador. En suma, tuve la impresión de que, quizás más que en otras ocasiones, cada cosa estaba donde tenía que estar. De la experiencia me llevé dos sensaciones; una dulce cuando varias personas se mostraron interesadas por el libro y la antología y me preguntaban en relación a ellas. La menos dulce cuando los organizadores me confesaban que lo que les impulsaba a exponer no era vender sus obras ni mantener una exposición duradera. Simplemente hacían lo que les gustaba. Así es el mundo de los creadores; o lo haces porque te gusta o no lo haces. La venta de arte o literatura está sumida en cifras muy malas. De pronto sentí como si mi libro fuera un cuadro para contemplar, en lugar de una historia a conocer.

Los cursos de Community Manager Gratis de María Rosa Diez Flaquer

¿Que de donde saco el tiempo? Supongo que tendré que agradecérselo un poco a mis hijos. Eso de trasnochar a la fuerza me permite tomar contacto con el ordenador más a menudo de lo habitual. Pero el caso es que me topé con unos cursos de Community Manager gratis y no me pude resistir. Sobre todo por lo de gratis. Ahora estoy haciendo un ejercicio. Mi opinión en torno al curso es que peca de falta de contenidos propios y homogeneos. Se aportan muchas fuentes externas como referencia del temario. Sin embargo no puedo quejarme porque con sus aportaciones estoy aprendiendo mucho. Y eso es lo que cuenta. Una de sus virtudes está en la propia comunidad que crea, donde se comenta, discute y aprende un poco más. Aprovecho para deciros que esto va a suponer una mejora cualitativa a este blog en el futuro. Así como mi trabajo en la red. Estad atentos. Buscadme. Esto sólo es el principio.ediciones irreveretnes b

La red que enreda

He visto un documental que ponía en evidencia cómo el negocio de la pornografía se ha consolidado como uno de los elementos que generan más dividendos. Un verdadero problema para aquellos que quieren evitar la propagación de la inmoralidad. Lo cierto es que es extrapolable a muchos otros ámbitos que tienen en común la magnitud inabarcable de internet. Tuve al oportunidad de entrevistarme con un anciano erudito en temas de justicia social que me decía que internet rompía antiguas barreras a la cultura. Ahora, si todo está en internet y tiene este relativamente fácil y barato acceso, es una oportunidad. Los débiles no tendrán que quedar ni marginados ni callados. En este mundo ya hay un sitio para ellos, y lo consultamos todos cada día. Pero claro, también comporta lo otro. ¿Y que es lo otro? Lo otro es que no hay filtros fáciles a todo lo que la libertad de expresión o de pensamiento pueda generar. Sigo creyendo que el gran aporte de pornografía que trae la red, cada día con más contenidos que rallan los extremos de lo que se podría considerar (en mi modesta opinión) buen gusto, es una cuestión que se debe afrontar con educación. Si nos asomamos al mostrador de internet y somos capaces de discernir lo que es bueno/malo, lo que tiene valor o no vale nada, lo que es de buen gusto o lo que no, lo que es real de lo que no, … podemos estar preparados para que navegar no sea una experiencia desagradable o peligrosa. A los más pequeños se les debe evitar mostrar pornografía, y a los que ya no son tan niños hay que explicarles qué es lo que pueden encontrarse. Si entienden que es una mentira para ofrecerles falsos placeres para vaciar sus bolsillos, ni les mentimos y les preparamos para entender que lo que ven no les conviene. Alguien decía (en términos de educación) que la escuela debe crear mentes que sean capaces de pensar por sí mismas, ser críticas, discernir los contenidos. Pues eso. Y en tema de qué es pornografía, que es erotismo, que son brutalidades,…. hay que educar. Me sorprendre aún cómo cuando digo que he escrito un libro de erotismo, hay quien me dice que no va a leerlo, como si fuera a contagiarles de algo. Lo respeto. Está claro que una mente que se pone barreras antes de asomarse al contenido, no es un lector para mi. Ni en novela erótica, ni en cualquier otro género.

Consumidoras de erotismo

En esta sociedad de la información y los datos, sería fácil obtener un estudio pormenorizado de quien y porqué lee una novela erótica como Se traspasa. Pese a ello, no he pedido ni realizado ningún estudio en este sentido. Ni lo he intentado. Otra cosa es que la evidencia salte a la vista. Y a mi me gusta mirar. Perdón, quise decir observar. Aunque el protagonista de la historia es un hombre, aunque el punto de vista es -digamos- clásico en este sentido, una arrolladora mayoría de quien lee Se traspasa es mujer. ¿Por qué? No lo sé, pero me encanta.

Hablando de límites.

Imagina que entra en tu vida alguien inesperado o inesperada. Toca esa fibra sensible que olvidaste que tenías y pone en peligro tu rutina gris a la que tanto te has acostumbrado. El argumento de la novela pone al protagonista contra las cuerdas. Antes de que se me olvide tengo que comentaros que estoy recibiendo un 99% de comentarios femeninos. No hice esta novela pensando en un público específico pero me doy cuenta de que ellas lo leen y luego ellos se interesan por saber qué tal es y qué cuenta. O al menos en la mayoría de casos. Bueno, a lo que iba. Los límites son claros y definidos. Si estos dos acaban enrollados, el desliz va a costar un matrimonio. Pero pese a que la línea a cruzar es fina, también se puede hacer funambulismo en ella. Es peligroso, pero eso también es erótico. Así, la pícara de Cloe, va a someter a Pedro al juego de la insinuación, al deporte de tentar al sexo contrario y -todo hay que decirlo- la chica será joven, pero juega bien sus cartas. Para los que no hayais leído más, lo dejo aquí. Pero os hablo de otros límites. Parece que imponer límites es algo propio de legisladores rancios o de dictadores de repúblicas bananeras. No obstante yo me atrevería a imponer rudos límites a ciertas cosas. Como en la canción de Ana Belén y Victor Manuel, no dudaría en cerrar la muralla a personas que emigran de sus tierras buscando una oportunidad. Esto no lo habría dicho en otro tiempo pero (y voy al contexto) hay subsaharianos que huyen de sus países trayendo consigo graves males para la salud de Europa. Hace años me sorprendió que la lectura de un libro me pusiera la piel de gallina con la descripción de los efectos de una enfermedad denominada Ébola, por haber sido su origen en un poblado a orillas de este río. Cuando la ficción de Richard Preston explicaba en Hot Zone que se perdía en control de una enfermedad letal, incurable y potencialmente contagiosa, pronto se te olvidaba que tu mundo fuera tan seguro e inocuo. Pero la tragedia real de la enfermedad se había contenido y la ficción de que ébola corría por Washington DC era eso, ficción. Estos días vuelve la cruda realidad. Un brote lleva casi mil muertos en cuatro países africanos. Que no cunda el pánico. Pero pongamos límites a la peste del siglo XXI.

Atrapado

Alguna vez ya os he comentado que me sorprendió ver que ya no se convocaba el concurso de la editorial La sonrisa vertical. El escueto argumento que encontré venía a decir que la pérdida de calidad de los trabajos presentados empujaban a los responsables de la Editorial a cerrar el grifo. Eso hace referencia al Premio que otorgaba dicha casa, no a la colección en sí como se ocuparía el librero Miquel de demostrarme. Me citó en su establecimiento y me enseñó el último ejemplar que había recibido. Dicho número no era ninguna novela si no una recopilación de escritos de la biografía de un famoso Don Juan de la corte francesa, el Mariscal Richelieu. Pese a que me he dado a conocer con una novela erótica en el mundo editorial, y como ya expliqué en la presentación del libro, Se traspasa partía de una historia en la que se coló el erotismo hasta bañarlo todo, pero que se podría haber contado sin los elementos que la convirtieran en lo que hoy es. Así pues, no me considero un adepto al género. Ni tan solo a nivel de lectura. Pese a eso, me intrigó mucho ese ejemplar, más cuando comprobé que –en efecto- el tal Richelieu fue el que popularizó el nombre de la ciudad de Mahón en todo el mundo gracias a una salsa de huevo. Sí. Me compré el libro. Me sentí atrapado desde el principio. Al final, sin embargo, me decepcionaron dos cosas; no hay ninguna mención suplementaria del paso del protagonista por la isla de Menorca para profundizar en ese lance gastronómico y el relato, a ratos autobiográfico y a ratos transcrito de algún biógrafo quizás con pluma intencionada, no transmite en sí mismo mucho erotismo si no más bien el deporte de la conquista por parte del Mariscal en la depravaba corte absolutista francesa de los Luises. Interesante sí, pero no tanto como hubiera esperado. Me han sorprendido gratamente algunas anécdotas (podríamos llamarlas batallitas) que más que engrandecer el nombre de Richelieu, le dejan como un hombre que sabía mentir a las mujeres con las mentiras que ellas querían oir. Y todo para llevárselas a la cama. En el próximo post os hablo de lo que estoy maquinando con otra obra mía.

Mensaje en una botella.

Cuando uno lanza un mensaje en una botella al mar no debería esperar respuesta. Es posible que el cine o la literatura nos hayan hecho creer que fuerzas naturales inexplicables, el destino o circunloquios varios pueden devolver otra botella con la vuelta del mensaje original. La realidad es bien diferente. De hecho, hay no pocas anécdotas que relatan cómo algunos mensajes acabaron encontrándose décadas después a unos pocos centenares de metros de donde se habían lanzado. El correo electrónico puede estar salvando a este planeta de una explotación de papel y contaminación por vidrio vertido al mar. ¿A que viene esto? Pues bien, creo que escribir un libro y publicarlo es uno poco ese mismo ejercicio. Lo he lanzado y en el mar está. Espero que no de la impresión de que contamino. O, en todo caso, que Se traspasa se llegue a considerar una contaminación positiva. Tengo claro que no puedo estar demasiado pendiente del resultado porque tengo otras metas. En el siguiente post os hablaré de cómo escribir novela erótica me ha llevado por casualidad a un relato pseudo-erótico muy interesante.